La pandemia ha hecho estragos en todo el mundo, y Honduras no es la excepción.

El COVID-19 está causando graves problemas de salud, muertes y atacando lo más profundo de la economía: el comercio, las cadenas de suministro, las empresas, los trabajos. Muchas de las ciudades y países del mundo están en cuarentena. Muchas fronteras se han cerrado y las familias luchan todos los días por mantenerse a flote. 

A enero del 2021 existen más de dos millones de fallecidos a nivel mundial y se superó los 100 millones de casos confirmados. Mientras en Honduras hay cerca de 140 mil casos confirmados y más de 3400 muertes. 

En la actualidad, el mundo está sufriendo la peor recesión económica desde la Segunda Guerra Mundial. Se prevé que la disminución prevista en los ingresos per cápita, de un 3,6%, empujará a millones de personas a la pobreza extrema este año. 

En el caso de Honduras la economía se ha contraído un 85%. Entre el 2 y 3% de los negocios no pudieron sobrevivir y existen más de 120,000 personas sin empleo actualmente. 

En un esfuerzo descomunal unificado entre muchos profesionales de la medicina y laboratorios fue posible sacar en un tiempo muy reducido las vacunas contra el Covid. Sin embargo, no podemos cantar victoria pues el hecho de que exista una vacuna no implica el fin del virus ni de la pandemia. 

Aún las farmacéuticas como Pfizer y BioNTech tienen problemas de suministro y han tenido que reducir a la mitad el número de dosis previstas para los primeros países en la lista. 

Las vacunas no salvan vidas por sí solas sino que más bien lo hace el proceso de inmunización. Esto muestra el enorme desafío que el mundo enfrenta ahora mismo. Y eso no excluye a Honduras, pues a través de COVAX se ha notificado al país que la primera entrega de la vacuna de AstraZeneca será a finales del mes de febrero o principios del mes de marzo de 2021, sujeto a la aprobación regulatoria de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

A pesar de los esfuerzos hercúleos en crear y producir una vacuna completamente nueva a escala global mientras se mantiene la producción del resto de vacunas, es importante recordar que sigue siendo un desafío muy grande. Y más allá de los esfuerzos de las organizaciones mundiales y nacionales para sacar adelante el país en la crisis y al mismo tiempo tratar de tener las vacunas en el menor tiempo posible para la población, es necesario recordar que combatir el virus es también una tarea individual. 

No todo depende de la regulación o restricciones del gobierno, las acciones pequeñas como mantener la distancia social, lavarse las manos constantemente, usar la mascarilla, evitar las aglomeraciones y salir de casa solo para lo necesario es una forma de responsabilidad social también. 

La disciplina al llevarlo a un término aplicado como sociedad, es un conjunto de normas para que podamos funcionar de manera adecuada. Si todos nos adaptamos a los cambios y lo hacemos de una manera progresiva y lenta, cuidándonos y cuidando a los otros, pronto podremos volver a la “normalidad”.

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